Máximo Barrera

Heal the spirit, and the body will follow

About

── Nombre completo: Máximo Barrera.
── Edad: 43 años.
── Júpiter: J13.
── Profesión: Biólogo especializado en la botánica.
── Fecha de nacimiento: 13 de agosto del 2005.
── Signo zodiacal: Leo.
── Grupo sanguíneo: 0 negativo.
── Estado: Soltero.
── ¿Por qué le seleccionaron para el viaje?
Su ingenio, su inventiva, su perseverancia y su desarrollada capacidad para la observación y la resolución de problemas fueron algunas de las características que le otorgaron una plaza segura en el Resolute, respaldadas por su notorio expediente académico, su amplia experiencia laboral y sus estudios acerca del biotopo y de la biocenosis del planeta que debía convertirse en su nuevo hogar.

History

El protagonista de la historia que está a punto de ser contada evitaría bajo todos los medios posibles que su vida personal quedase expuesta de la manera en lo que lo va a ser a continuación, pero mientras no sepa que existe una plataforma plagada con sus datos, no tenemos de qué preocuparnos.

Máximo Barrera nació en el seno de una humilde familia chilena que difícilmente conseguía llegar a fin de mes sin ningún número rojo pululando por su cuenta bancaria, y para un niño que crece en este ambiente, la modestia y la abnegación son los primeros principios que se aprenden. Su madre Rosa, un solitario haz de luz en un denso mar de oscuridad, luchaba día tras día para que la infancia de su único hijo fuese tan duradera y alegre como la de los demás niños que lo rodeaban, pero las sombras que acechaban a sus espaldas eran demasiado alargadas como para ser ignoradas, e incluso bajo la dulce mirada de la inocencia, la cruda realidad quedaba violentamente destapada. Por otro lado, su padre Lucas, un hombre maltratado por la impotencia y la frustración que le generaba un fracaso que consideraba suyo y de nadie más, procuraba hacer todo lo que estaba en su mano para conseguir sustento económico, pero nunca resultaba ser suficiente, y el peso que cargaba sobre sus hombros cada vez se volvía más inestable, amenazando con derrumbarse y aniquilarlo todo a su paso.
Sin embargo, una soleada mañana de invierno, cuando el pequeño de cabellos revueltos acababa de cumplir los diez años, Lucas regresó al hogar con la que sería la mejor noticia que habían recibido en mucho tiempo: tenía un trabajo.
Máximo nunca tan felices a sus padres, y la oscuridad que siempre lo había acompañado sin importar el momento o el lugar en el que se encontrara desapareció por completo, eclipsada por un sinfín de sonrisas. La suerte al fin parecía haber alcanzado a la familia Barrera, y al igual que el niño rezó para que aquello ocurriese, también lo hizo para que no los abandonase jamás, pero sus plegarias, por cándidas o justas que fuesen, jamás fueron escuchadas.

Durante los primeros meses, la posibilidad de vivir sin precariedad pasó a dejar de ser un sueño inimaginable para convertirse en una realidad.
El pequeño siguió asistiendo a la escuela como siempre lo había hecho, pero esta vez sin el miedo de estar suponiendo un gasto demasiado elevado para sus padres. Rosa fue contratada por una familia de clase media para encargarse de las tareas del hogar, lo que supuso una nueva entrada de dinero, y Lucas se volcó tan plenamente en su trabajo que apenas se le veía por la casa. Su hijo le echaba de menos, como le ocurriría a cualquier niño que quisiese a su padre tanto como él quería al suyo, y sin embargo, en ningún momento se quejó de su ausencia porque, por mucho que a veces le costara aceptarlo, sabía que lo hacía por ellos.

Una noche sin luna en la que el viento aullaba sobre las copas de los árboles y las hojas otoñales bailaban a lo largo de las calles, Lucas regresó a casa más tarde de lo habitual. Pese al riesgo que existía de que su madre le descubriese, Max no dudó en bajar de la cama de un salto para dirigirse a la ventana de su habitación y poder así ver la familiar figura de su padre acercándose a la entrada.
Al principio, fue incapaz de comprender lo que estaba sucediendo en la calle, dominada por una negrura que solo las farolas conseguían contrarrestar, pero a medida que los detalles de la escena quedaban expuestos, un frío glacial se precipitó sobre su cuerpo y se instauró en sus entrañas, acompañado por el más fatídico de los presagios; tres figuras desconocidas, o tal vez incluso más, perseguían como almas vengativas a una silueta que reconoció como la de su padre, vociferando palabras que el chico no pudo oír con claridad. El miedo lo paralizó de inmediato, privándolo de cualquier tipo de raciocinio, pero un poderoso sentimiento emergió de su interior para combatirlo, un sentimiento que envolvió su tembloroso cuerpo, calentó sus rígidas extremidades y le otorgó las fuerzas que necesitaba para reaccionar: el amor.
Con pasos apresurados, puso rumbo hacia el pasillo que conectaba su habitación con la de sus padres y bajó las escaleras que llevaban hasta el rellano. Allí encontró a su madre, auricular en mano, tratando de marcar un número de manera desesperada. Cuando Rosa le vio, sus ojos se abrieron y el pequeño no solo fue testigo de su terror, sino también de su profundo dolor.

──Cariño...──Su voz apenas fue un murmullo.── Tienes que escucharme con atención, ¿vale?

──Pero papá está ahí fuera y hay...hay...──Antes de que el niño pudiese continuar, su madre lo rodeó con sus brazos y se agachó a su altura.──

──Shh...no te preocupes por eso ahora. Todo saldrá bien, todo...todo volverá a ser como antes, pero tienes que prometerme que harás lo que te diga ──El pequeño asintió rápidamente, notando el escozor de las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.── ¿Recuerdas el hueco de la cocina que solías usar de escondrijo cuando jugábamos al escondite? Ese que papá abrió por accidente y que mamá intenta mantener tapado con el mueble de los cubiertos. ¿Te acuerdas, verdad? Esto es lo mismo, Maxie. Tienes que esconderte para que nadie te encuentre, y no podrás salir hasta que no escuches ningún sonido, ¿de acuerdo? Ninguno.

El niño cumplió su promesa y entró en el agujero, siendo la propia Rosa la que acercó el mueble lo suficiente a la pared como para que no pudiesen verle. Antes de desaparecer, le dedicó una breve sonrisa a su único hijo, y en ella quedaron reflejados los resquicios de la felicidad que empezaba a convertirse en cenizas.
Lo primero que escuchó fue el eco de un grito ahogado que sonó lo suficientemente cercano como para que el chico sospechase que pertenecía a su madre; después, el característico crujido de la puerta de entrada al ser abierta y, por último, una docena de pisadas que se extendían velozmente por la casa. Sintió el impulso de salir, pero él jamás había roto una promesa. "Recuerda, grandullón, que las personas mentirosas acaban perdiéndolo todo.", le había dicho tiempo atrás su padre.
Durante lo que le pareció una eternidad, Max se mantuvo inmóvil, tratando de averiguar qué ocurría en el exterior. En algún momento de su espera, pudo oír unos pasos bien marcados en la cocina y, una vez más, deseó con todas sus fuerzas salir de aquel lugar. "No podrás salir hasta que no escuches ningún sonido, ¿de acuerdo? Ninguno." Y así fue.
Cuando el pequeño de los Barrera se aseguró de que el silencio era total, empujó el mueble que lo separaba del mundo real con ambas manos y, tras un breve esfuerzo, consiguió salir de su escondite. A simple vista, todo estaba como lo había dejado, exceptuando la ausencia de su madre.

──¿Mamá? ──Al oír lo insignificante que sonaba su voz, Máximo se sintió más débil e indefenso que nunca, y la necesidad que sentía de contar con el apoyo de sus padres incrementó. De nuevo, se dirigió hacia el rellano, encontrándolo totalmente vacío. Frente a él, el marco de la puerta instauraba los límites de una estampa que lo dejó sin aliento; el cielo, sereno y despejado, mostraba un precioso manto estrellado y, bajo este, dos cuerpos yacían, el uno junto al otro, en un extraño, pero hermoso vínculo eterno. A día de hoy y pese al tiempo transcurrido, Máximo Barrera recuerda perfectamente sus rostros, ambos alzados hacia el firmamento, observando unas estrellas que ya no podían ver.

Aquí termina la que fue la antigua vida de Máximo Barrera y comienza una totalmente distinta, en la que un niño que lo ha perdido todo se ve obligado a entrar de una manera demasiado temprana y abrupta al mundo adulto.
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Siguiendo el riguroso programa de control que el Estado siempre empleaba para los huérfanos que no tenían ningún familiar vivo o dispuesto a asumir la responsabilidad, Max fue enviado a un orfanato católico a las afueras de su ciudad, y no solo quedó sometido a innumerables interrogatorios policiales a lo largo de su estancia, sino también a las incesantes intervenciones de un psicólogo que debía ayudarle a superar su pérdida.
Así transcurrieron seis años de su vida, entre alguna que otra amistad pasajera, y, para aquel entonces, Máximo sabía a ciencia cierta que estaba completamente sólo en el mundo. No había nadie que se preocupase por él fuera de aquellas cuatro paredes, ni tampoco nadie que lo hiciese dentro; o, al menos, aquello era lo que pensaba.

Un día de verano, poco antes de que se produjese su deseada salida del orfanato, un hombre mayor y de aspecto curtido se presentó en la recepción del edificio, afirmando ser su abuelo materno. Max no le conocía de nada, y así lo expresó, pero por algún motivo que escapó de su entendimiento, el sujeto consiguió quedarse con su custodia.
Prácticamente obligado, el joven tuvo que marcharse con él, y todo fueron quejas y reproches hasta que el desconocido se presentó.

──Javier Estrada para servirte, chico. Puede que mi cara no la reconozcas, pero mi nombre seguro que lo has oído alguna vez ──Desde su posición en la Citroën Jumpy que conducía, le dedicó una rápida mirada al indomable muchacho que refunfuñaba en uno de los asientos traseros.── Fui amigo de tu padre, y me gusta pensar que lo sigo siendo. Nunca te explicaron el motivo de su muerte, ¿verdad?
➤ Verás, chico, cuando alguien se mete en la boca del lobo, por honorables o benévolas que sean sus causas, nunca sale impune. Lucas cavó su propia tumba y también la de tu madre en cuanto aceptó ese nuevo trabajo que le ofrecieron, pero no se dio cuenta de ello hasta que fue demasiado tarde, pese a los innumerables avisos que le di. Sin embargo, tú sobreviviste, y eso es lo que importa. En su momento le juré que me encargaría de ti si algo salía mal, y por eso estoy aquí ahora, aunque en realidad siempre lo he estado.

Este fue el breve discurso que supuso el inicio de la etapa más amena que Max había tenido desde la pérdida de sus padres, porque Javier no solo se convirtió en la figura paternal que necesitaba, sino también en el entrenador de su cuerpo y de su alma.

──¿Quieres honrar la memoria de tus padres, Max? ──Le decía al muchacho cada vez que este se atrevía a preguntar por el motivo de sus particulares enseñanzas.── ¿Quieres evitar que sus muertes hayan sido en vano? ──Con un ligero golpe en el costado le mandaba directo al suelo, y con una certera patada en el estómago le impedía levantarse.── Pues entonces deberás ser más listo que ellos, más rápido que ellos, más fuerte que ellos...

Con el tiempo, el chico dejó de hacer preguntas.
Durante años, sus habilidades fueron desarrollándose hasta alcanzar límites que creía inalcanzables. El entrenamiento no solo le otorgó el dominio pleno de algunas artes marciales, sino también un férreo control sobre sus emociones y sobre la oscuridad que desde sus horas más tiernas lo había acompañado. Sin embargo, hubo algo que sí que escapó del control de Máximo, y fue el fuerte vínculo que inconscientemente creó con el que había considerado más que un instructor, porque en cuanto Javier volcó todos y cada uno de sus conocimientos y destrezas en su pupilo, se esfumó como si nunca hubiese existido, y por mucho que el joven huérfano intentó encontrarlo, jamás pudo conseguirlo.

De nuevo solo y con la cruel certeza de que jamás nadie llegaría a quedarse a su lado permanentemente instaurada en su corazón, Max continuó su camino, siendo los estudios y el entrenamiento los consumidores de su tiempo.
A lo largo de su estancia en la universidad conoció a una chica, Angélica, que no solo se convirtió en la única persona que atravesó los muros defensores que había construido alrededor de su corazón, sino también en una potenciadora de la luz que existía en su interior.

──Tú no eres una mala personal, Max, eres una buena persona a la que le han sucedido cosas terribles ──Le decía la rubia siempre que el chileno sacaba la conclusión de que la gente le abandonaba porque solo podían ver oscuridad en su interior.── Y esas cosas terribles no van a debilitar, mucho menos destruir, la bondad de tu interior. Si la gente te abandona, es porque son incapaces de ver esa bondad, pero yo la he visto, y te prometo que jamás te dejaré.

Y no lo hizo, pero él sí la dejó a ella.

Tras terminar la carrera de biología y especializarse en la rama de la ciencia que siempre había conseguido despertar su interés: la botánica, consiguió un trabajo fijo en una de las empresas más importantes del país y trató de hacer vida normal, pero para alguien que cargaba con un pasado como el suyo, la normalidad no era una alternativa factible.
Después de mucho meditarlo, decidió compartir de manera anónima con la policía toda la información que tenía acerca de la mafia de narcotraficantes que había orquestado el asesinato de sus padres; sede, horarios de compra y venta, componentes que la constituían, etc. Dejó que transcurrieran los meses, pero el poder de la justicia no daba señales de vida y la sangre que se derramaba en las calles era cada vez mayor; sangre de pobres, como lo fueron una vez sus padres, sangre de inocentes terminaban en la famosa boca del lobo en sus intentos por encontrar sustento económico, sangre de padres que daban su vida para mejorar la de sus hijos, sangre de madres que luchaban día tras día para subsistir en un mundo ilícito. No podía, no debía permitirlo...
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Lo que llevó al mayor Cártel que Chile hubiese conocido jamás a derrumbarse en cuestión de semanas sigue siendo todo un misterio, pero a día de hoy no existe persona en latinoamérica que no haya oído hablar sobre la caída del que fue un imperio alimentado por la tiranía y el miedo.
Con el peligro que habían levantado sus acciones y sabiendo que cuanto más lejos estuviera de ella, más la protegería, decidió cortar la relación que tenía con Angélica de raíz.

Justo un par de años después, sucedió la catástrofe mundial que ya todos conocemos y para aquel entonces, intentar convertir el mundo un lugar mejor continuaba siendo la mayor vocación que poseía el hombre que había conseguido honrar la memoria de sus padres.
Si el futuro de la humanidad se encontraba en otro planeta, allí estaría Máximo Barrera, asegurándose de hacer ese futuro no solo más próspero, sino también más alcanzable.

Random

──Pese a que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vio a su antiguo entrenador, Máximo jamás se ha permitido olvidar los conocimientos que le fueron enseñados, entre los cuales destacan seis de las once principales artes marciales distinguidas en el mundo: taekwondo, muay thai, jiu jistsu, krav maga, kendo y bujutsu.

──Aunque sabe desenvolverse en todas las disciplinas anteriormente mencionadas, siempre demuestra un dominio más avanzado cuando se mueve dentro del terreno que comparten las dos últimas.

──Es muy meticuloso con sus responsabilidades. Si tiene tareas pendientes, no descansará hasta terminarlas de la forma más impecable que le sea posible.

──Durante su estancia en el orfanato hizo amistades, pero todas resultaron ser pasajeras. Para él fueron años de cura y de resignación, donde las relaciones sociales quedaron en un segundo plano.

──A lo largo de los días que compartió con Estrada, comprendió que el dolor permanecía incluso cuando las heridas ya habían quedado cicatrizadas, y que si quería prosperar, debía aprender a vivir con él.

BLACK ACONITUM

❍ ; PODERES:
Artista marcial, acróbata y combatiente experto con billy stick. Puede controlar y manipular cualquier tipo de planta, desde una pequeña e inofensiva margarita hasta una enorme y monstruosa darlingtonia californica. Además, y pese a ser una habilidad que aún no ha llegado a dominar, es capaz de liberar toxinas a voluntad.

❍ ; DEBILIDADES:
Exceptuando la inmunidad que presenta frente al veneno que secreta su propio organismo, puede sufrir el mismo daño que cualquier ser humano. Cuenta con una agilidad y una rapidez que se encuentran muy por encima de la media gracias a sus años de entrenamiento, pero en cuestión de fuerza bruta pierde ventaja. He ahí la razón por la que usa billy stick, para compensar dicha carencia y así lograr golpes más certeros y eficaces.

❍ ; ¿CÓMO OBTUVO SUS PODERES?

Pese a compartir cuerpo y historia, son muchas las diferencias que existen entre Black Aconitum y Máximo Barrera. Ambos nacieron rodeados de la misma miseria y sobrevivieron a las mismas adversidades, lucharon contra la misma oscuridad y compartieron las mismas penalidades, pero hubo un punto de inflexión que les llevó a desligarse; la muerte de sus figuras paternales. Desde entonces, la verdadera identidad del chileno abandonó su letargo y recuperó el control que le había sido arrebatado, provocando que el chico despreocupado, caótico y carismático quedase convertido en un velo plagado de mentiras que, tiempo atrás, consiguieron ensimismarlo.

Como era de esperar, sus destrezas marciales le fueron otorgadas durante sus años de entrenamiento junto a Javier Estrada, que le enseñó no solo a defenderse, sino también a dosificar el odio y la ira que se adueñaba de cada parte de su cuerpo y lo corroía hasta los huesos. Con el paso del tiempo, su entrenador dio sus enseñanzas por finalizadas y abandonó a su pupilo en el mismo frío mundo del que le había sacado, pero esta vez Máximo estaba preparado. Se centró en sus estudios, siendo la botánica la rama de la ciencia que ocupó la mayoría de sus horas. Sus experimentos distaban bastante de cumplir con el protocolo establecido, por lo que más de una vez mezcló sustancias que no debía mezclarse o realizó pruebas que no debían realizarse, todo ello con el propósito de romper las barreras impuestas que le impedían avanzar y de realizar descubrimientos que supusieran un cambio, por mínimo que fuese, en la sociedad. Afortunada o desafortunadamente, terminó comprendiendo que dicho cambio era posible, pero no de la forma que habría esperado, porque el mundo no solo necesitaría su cerebro para experimentar una alteración, sino también su cuerpo. Así fue como decidió dar un paso más, siendo la sede del Cártel que orquestó la muerte de sus padres su primer y, por el momento, único objetivo.
Para destruir el núcleo de la organización, el recién estrenado antihéroe se vio obligado a plasmar todo lo aprendido durante los últimos años en su plan, por lo que como no podía ser de otra forma, el veneno estuvo presente. Sin embargo, que la poderosa dosis que él mismo había preparado y que llevaba el nombre del líder de la banda terminase invadiendo su propio sistema, privándole de cada una de sus funciones vitales, fue un desenlace que no pudo prever, y para cuando el antídoto estuvo entre sus manos, su tiempo ya se había terminado. Lo único que le quedó fue la inconsciencia, un estado del que creyó que nunca saldría, pero que para su sorpresa sí que consiguió abandonar, portando dos nuevas habilidades que no tardaría en usar.
A día de hoy, las apariciones de Black Aconitum se vuelven cada vez más frecuentes, hasta el extremo de que cada una de las organizaciones clandestinas asentadas en la ciudad tengan establecido un precio por su cabeza.

❍ ; CURIOSIDADES:

—Para ocultar su identidad utiliza una túnica negra ribeteada por pinceladas violáceas con una capucha terminada en pico.

—Las sombras de la noche siempre juegan a su favor, por lo que muy rara vez actúa durante el día.

—Trabaja en el área de botánica y fisiología vegetal de un laboratorio situado a las afueras de la ciudad.

—La mayoría de sus vínculos son puramente profesionales.

—Su comportamiento, o al menos el que muestra mientras porta la que, sin duda, es su verdadera máscara, resulta agradable, cercano e incluso atractivo. Podría decirse que posee cierta facilidad para ganarse a las personas.

—Vive solo, con un perro que rescató de la calle y llamó Edgar en honor a su escritor y poeta favorito.

—Su casa se sitúa en el centro de San Francisco. Todos los que han estado en ella aseguran que su interior parece una auténtica selva amazónica.

—Sus defectos fatídicos son la lealtad personal y el rencor. Es capaz de sacrificar el mundo entero por un ser querido y de destruirlo si de esta forma consigue saciar su espíritu vengativo.

—Su Billy Stick es un bastón multipropósito, capaz de usarse como un gancho de agarre o como un arma cuerpo a cuerpo extensible.

—Siempre deja un matalobos negro junto a sus víctimas.